lunes, 2 de febrero de 2009

Oaxaca, Mazunte y Morelia

"NOTA Postpost: He comprobado que los vídeos tardan en mostrarse, se debe a la cantidad de imágenes y vídeos. Si tenéis una conexión lenta, paciencia y si no, también. Cualquier cosa, informadme por favor. Gracias"

Sí, estáis viendo bien, no es una alucinación, es por fin el gran post que todos me habéis andado pidiendo.

Fueron casi tres semanas de viaje, conocí gente excepcional, hice un montón de fotos, también mis peculiares vídeos, me emborraché con mucha frecuencia y con mucha gente, tomé el sol, vi el mar, recorrí mil kilómetros en veinticuatro horas, me enfrenté a monstruos de otros mundos, comí pescado en la playa, cogí un buen color de piel y muchas cosas más que no puedo enumerar ahora. Vamos que un viaje bien completito.


Os cuento...

Todo empezó una fría mañana del veinticuatro de diciembre, yo me sentía feliz porque terminé todo mi trabajo el día anterior y conseguí billete, también el mismo día, con el que huir del DF (el único que quedaba).

El primer destino: Oaxaca.
Una ciudad (un pueblo en realidad) preciosa. Muy colonial muy turística y por ello muy cuidada, pero con mucha vida y mucha cultura, de esas ciudades en la que yo pensé: "aquí me podría quedar una temporada...".
El viaje duró como unas seis horas y tras perderme por la ciudad (haciendo incursiones en zonas no recomendables por accidente) unas dos horas más llegué o encontré (mejor dicho) hostal. Lleno de franceses pero que todos hablaban español, eso fue un caso paranormal y muy bizarro. La nochebuena la pasé más sólo que la una, salvo pasados la una que me encontré con toda la gente del hostal (que no sé dónde diantres se habían metido) y ya hice migas con ellos. Pero antes hice incursión en la vida popular y ¿disfruté? de las pastorelas, de niños vestidos de ángeles, de espectáculos pirotécnicos, y del asco que me dio descubrir la catedral (o iglesia) de Santo Domingo. Esta iglesia es literalmente puro oro, su interior es amarillo brillante, demasiado ostentosa para mi gusto por no hablar la sangre que debieron usar para vestir así el templo... de todas maneras es un espectáculo que se ha de ver y que no deja indiferente.



Parece tétrica, ¿eh? Es que es una iglesia ¿qué esperabais?


Para moverse por el interior había que entrecerrar los ojos.


Aquí sentí no llevar mis gafas de sol. Estaban restaurando el altar y me da a mi que la pintura era color oro y no oro de verdad, si es que hasta la iglesia tiene que recortar el presupuesto.


Pues resultó que todas las pastorelas se reunían en la plaza central y aquello esta a tope de gente y como yo no había hecho amigos aún, pues me la pasé captando el momento, ahora vídeo y luego fotos.


Ooooooh..., angelitos... Esperad a que crezcan un poco más y me contáis...


Yo no entiendo porqué, pero habían bengalas por todas partes.


Niñas, niños y adultos. Todos con bengalas.



¿Quién es el padre de los dos?


El ataque de las niñas con las antenas radioactivas.
Hay que ver lo que les gusta estas tonterías.


¡Oooooooooooooooooooh...!
También habían fuegos artificiales.


Y bandas tocando música de desfile navideño.
Sí, es esa música que tú tampoco recuerdas.


Al día siguiente ya me encontré con rostros familiares, dado que la noche anterior de madrugada conocí a la mitad del hostal, y como todos éramos viajeros solitarios... decidimos hacer de nuestra soledad una comida de navidad. Así pues nos armamos con nuestro bote comunitario, nos lanzamos al mercado e hicimos nuestra compra alimenticia para el banquete que nos íbamos a dar...


Y ésta era la comitiva, de izq. a der.: Vicente (FR), Dani (BCN), Toni (PM), yo (MEN), Adriana (BRA), Priscila (BRA), Carol (FR) y detrás algo más tímida, Camí (FR). Y enfrente de Dani y Toni el aperitivo: chapulines.


Ya estamos cocinando...


La cosa iba así, Carol se encargaba de la pasta con calabacín y pimiento, Toni de los camarones y un servidor del guacamole con tostadas.


Mi paisano Toni cocinando y Adriana supervisando.
Ojo, ¡cocinando con carbón y con barbacoa!


Fue un banquete, digno de recordar. Riquísimo y rodeado de gente genial.

Para finalizar mi estancia en Oaxaca, decidí ir finalmente a Monte Albán. Cuna principal del estado en donde habitaron en su día los zapotecos. Conocí a Fritz en el hostal un alemán de unos treinta años, y como él también iba a Monte Albán decidimos compartir nuestro camino. Así que nos preparamos para la expedición y decidimos que nos tenía que salir barato. La cosa es que acabamos subiendo los dos o tres kilómetros de colina, cuesta arriba, a pie. No estuvo mal, teníamos una buena conversación. Ya casi llegando a la cima me percaté de que no llevaba agua y él me dio de la suya, agua con limón. Una vez allá y como los dos éramos estudiantes pues pasamos sin pagar (qué maravilla es tener una credencial de estudiante en este país). En fin, que nos pasamos como dos horas visitando el lugar, cuando de repente un gorgojeo en mi estómago me alarmó, rápidamente le hice la pregunta a Fritz, que para mi mal ya conocía la respuesta... "Oye Fritz... El agua que me has dado, no era del grifo, ¿verdad?". Ya os hacéis una idea de la respuesta.
En fin, no me percaté hasta que llegó el momento de que Moctezuma también me acompañaba, así que allí, en la historia, dejé mi regalito... Bajamos (a pie, evidentemente) con una gran concentración por mi parte, comimos en el mercado con una gran concentración por mi parte y ya cuando conseguí llegar al hostal me desesperé (por mi parte) por el fortasec. La verdad es que las consecuencias de beber agua del grifo pueden ser fatales, a la noche yendo hacia Pochutla, por que esa misma noche viajaba, creí que me moría en la combi, por suerte dos colombianas que viajaban a mi lado y Caro, que compartimos viaje durante una semana, me distrajeron los suficiente como para soportar mi tormento.

Por cierto, Monte Albán es bonito, pero no sé si fue Moctezuma o qué pero me gustó más Teotihuacan.




Un paraguas negro para la lluvia, tiene sentido, atrae el calor cuando hace frío.
Pero para el sol ¿un parasol negro? Pffffff...


Como véis, aquello era grande. Mirad qué pequeñitos se ven todos.




¿Qué narices hacía esa niña ahí?
Todo un enigma.


Éste es Fritz... (no diré más...)


La naturaleza reivindicando su sitio en el mundo, en la historia...


Señoras y señores, el nopal. Y también fue en ese momento cuando le hice la pregunta a mi compañero de viaje...


Ambos coincidimos en que tendría que ser genial poder acampar por la noche en ese lugar, pues sus espaciosos claros (como habéis visto antes) se presta para ello.


Mi pesadilla se terminó justo cuando me bajé de la combi a las cinco de la mañana. Estábamos en Pochutla y yo casi podía oler el océano Pacífico. Estaba contento, algo jodido pero contento. Hicimos algo de tiempo en el pueblo y cuando empezaron a haber los primeros camiones hacia Mazunte, ahí nos aventamos.


Y mientras esperábamos...
The BIRDS de Alfred Hitchcock.
(Aquello era acojonante, vaya cantidad de pajarracos que había en la plaza).


The BIRDS II de Rick Rosenthal y Alan Smithee.


Oooooooh... Mazunte... (estoy babeando).
Dormir en hamacas a pie de playa, despertarse con el nacimiento del sol (algo cabrón cuando estás de resaca), levantarse y comerse unas quesadillas y tomar un zumo de naranja para desayunar, conocer gente...
Damas y caballeros, eso era el paraíso.
Y si le sumamos que no veía el mar desde hacía seis meses... pues la suma de los factores se reflejaba en mi sonrisa. Decidí no ponerme fecha límite para volver y disfruté de Mazunte (y alrededores) durante una semana (y hubiera podido estar tres más).

Un día, estando con unos amigos del DF que conocí allá, nos hicimos un tour en las lanchas, nos decían que habían ballenas pero no nos lo garantizaban. Pero sí, que habían tortugas y delfines, así que ahí nos lanzamos con nuestros chalecos salvavidas y dos perros. Y yo como un crío por adentrarme en el mar.
La cosa es que creo que fue de los mejores días en Mazunte.


La piedra blanca. ¿Alguien me dice porqué tenía ese color?


La piedra blanca es la morada y nido de las gaviotas autóctonas, estaba plagado.


Un caguama, bien puede ser una tortuga o una xibeca.


En este punto de la historia, pasó una de las mejores cosas de este viaje: vimos una ballena jorobada. Algo increíble. Nuestra lancha la avistó primero y enseguida se fueron vociferando hasta que se dieron cinco lanchas tras la ballena que en varias ocasiones consiguió despistarnos. Ahí os dejo el vídeo, no sin antes decir que lo grabé pensando en vosotros (y no lo digo para daros envidia).


La mayor parte del vídeo no se ve nada, sino que amagos por mi parte de protegerla del agua, tenedlo en cuenta: arriesgué mi cámara para que vierais lo que yo vi. Mereció la pena ;)


Fue la mejor toma que pude hacerle a la ballena, entre los meneos de la lancha y lo que tardan en disparar las cámaras digitales...


Ya volviendo, y después de haber visto delfines, caguamas, rayas saltando sobre el mar, peces diversos... nos encontramos con un pescador el cual nos asombró con su pesca del día. Acto seguido nos lanzamos con la lancha sobre la playa.


Señoras y señores, el Dorado.


El Emperador me regalaba su mejor sonrisa.


Y llegó la nochevieja...
Los del sitio en donde nos alojábamos, a sabiendas de que íbamos a Pochutla para hablar a España nos pidieron que nos hiciéramos con las uvas para la noche. Así que mientras mi compadre Miguel, al que luego veréis, hacía su conexión Pochutla-Barcelona yo regateaba con el señor de las uvas (¿uvero?) la cantidad de kilos que em daba por quientos pesos (salí ganando, siete kilos por unos veinticinco euros). Rápidamente me regresé con Miguel, yo marqué a mi casa y en un esfuerzo fallido por no tomar las uvas corrí presto hacia los siete kilos y empecé a meterme las uvas en la boca al son de campanadas cantadas mientras pensaba o rezaba por las uvas que ingería llenas de tierra y sabe dios qué pesticida dado que no hubo tiempo para ser higiénicos. Después visitamos a Santa Claus, me compré una camisa para la noche y de vuelta a Mazunte para la celebración.


Hohohohoho... Para la cena me adecenté, ¡¿eh?!


Ese Miguel con Santa Claus. Qué tipo más salao'.


La cena fue deliciosa: atún relleno de marisco, la compañía inmejorable, la gente estupenda. La fiesta de la playa hubiera podido ser mejor si las seis cervezas, el mezcal y los cuatro tequilas sunrise me hubiesen hecho efecto... Pero por lo demás, un fin de año y un inicio de año realmente especiales.


Ahí tenemos a banda del DF, bueno la chica, Marthita era americana de Oregón creo, y el resto defeños, por ahí Fernando e Iván que son los que me recuerdo.


La gente con la que me fui con la lancha, de izq. a der. Xiuhny, Carol, Ianina, Adrián y Pepe. Después de la cena, de las uvas y unas cuantas botellas...


Isela y Miguel, de camino a la fiesta de la playa con linternas porque no había de otra, sino te rompias una pata.


Fiestuki en la playa, buen ambiente, buena música pero el alcohol en este país no suben, con razón los españoles tenemos fama de borrachos, pero si es que aquí beben ¡¡¡agua!!! En fin que antes de ver sol yo me replegaba para haceros/hacerme un bonito regalo. Más abajo lo veréis.


La fiesta, fue la típica de las películas pero a lo mexicano. Una instantánea.


El DJ alemán, ¡un crak! Un 10 para él.


Como no, también habían hippies y con ellos, espectáculos como dios manda al ritmo de la música. Ambientes para todos los gustos, ¿qué más se puede pedir?


Mi regalo, de mí para vós:
el primer amanecer del 2009 en Mazunte.
Con unos ajustes para la ocasión. Cada vez que lo veo se me eriza la piel y vuelvo a esta allá.


Una hora me tardé en grabarlo, así que ya estáis diciendo que os gustó porque aunque no os lo creáis hacía un frío de la hostia, eso y que un poquito borrachín sí que iba.
(Para el término borrachín hablen con Dani L., ya tu sabes papi).


Este momento sí que no lo combio por nada...


El día uno... también se trabaja.





Pasó un día más y mi tiempo en Mazunte llegó a su fin, me empecé a despedir de la hamaca, de las caguamas/xibecas/litronas, de la arena, de La Atarraya, del mar, del calor, vamos como que no quería irme,pero aún quería ver muchas cosas y el tiempo se me escurría de las manos en ese apacible lugar. Os dejo unas fotos de mis momentos más emotivos del lugar.


Aaaaaay... La Atarraya. Nuestra base de operaciones.


La playa uno, la otra playa estaba pasada La Atarraya.



Cuando ya me hube despedido, me subí al camión que me dejaría en un cruce donde se cruzaría otro camión y que éste me llevaría a otro camión que partiría de Puerto Escondido. Pero antes me despedí de cuate Miguel, nos tomamos unas nieves a la sombra de un olivo... bueno no era un olivo, realmente ni siquiera sé si la sombra era de un árbol, lo que sí sé es que estaba Miguel que estábamos a la sombra y que la nieve era de lima...
Cuando llegué a Pto. Escondido, y tras perderme por no encontrar la estación de autobuses correcta, me dicen que está todo a tope y que tendría que posponer mi ida a Michoacán un día (que era cuando había billete) así que hice el día en el pueblo costero, busqué desesperadamente un hostal por internet, y cuando ya me hube alojado me lancé a conocer el pueblo que lo mejor era una kilométrica(s) playa, Zicatela, repleta de surfers dado que en esa playa, aparte de ser realmente peligrosa si no vas con una tabla, se forma la ola que se conoce como 'tubo'. Y pues aquello estaba a lleno de gente, lástima que nada más llegar a la playa se me acabó la batería de la cámara... pero algunas imágenes vais a poder ver.
Al día siguiente tomé el autobús que me llevaría a Acapulco en donde pasé dos horas y donde había una báscula que me dijo que había perdido tres kilos desde que llegué al país, pero me dijo que no se lo dijera a nadie... ¡Ups!
De ahí me fui a Lázaro Cárdenas que es un pueblo que es una estación de autobuses. Y de ahí a Uruapan.


La playita que está en Pto. Escondido.


La originalidad en poner nombres a las barcas es la misma en todo el mundo...


Mogollón de gente, casi todos turistas nacionales.


Una foto estupenda y rezando a Guadalupe para que me dejara tomar la instantánea. Esto ya es Zicatela.


En Mazunte, el mar te tiraba pero no era muy fuerte. Aquí estaba muy cabrón.


Por fin llegué a Uruapan, tras unas veinticuatro horas de viaje, llegué a mi destino, yo todo veraniego con mi camiseta .., voy y me encuentro con un frío de la hostia y con la pregunta de... ¿Y ahora en dónde coño voy a dormir?


NOTA: No leer sin antes haber visto el vídeo.

Pues resultó que no habían fantasmas, pero habían criaturas peores... cucarachotas! De esas de las que tienen tableta de chocolate, de las que ya no vuelan y que la evolución les quitó las alas por pesar demasiado... de las que cuando las aplastas las tripas salpican blanco, creedme porque hice la prueba espachurrando una con la chancla en la pared de la habitación desapareciendo el cuerpo del sujeto en cuestión pero dejándoselo todo ahí... En ese momento tomé la determinación: !mañana me voy a Pátzcuaro!
Pero antes de que todo eso sucediera eran las siete de la mañana yo no había dormido en todo el viaje (dado que soy incapaz de dormir en los vehículos en movimiento, a menos que esté agonizando) y estaba que me caía de sueño. Así que me estrellé en la cama y a las doce mis ojillos dijeron: "Hay que ver Uruapan". Que por cierto se pronuncia 'uruápan' no como yo lo digo en el vídeo. Además, aprovecho para hacer otro inciso, en Uruapan no hay mucho que ver, tan solo el Parque Nacional Barranca del Cupatitzio, y un par de museos que oportunamente estaban cerrados...
Así que me desperecé me vestí y me fui hacia el parque.


El parque es básicamente, fuentes.


Muy verdes...


...muy originales...


...y por todas partes.


Pero de repente, NOVEDAD.
Clavadistas, aunque eran un poco patéticos... sino mirad a este.


Los clavadistas también se encomiendan a Guadalupe, a ésta trabajo no le falta... ¡Qué envidia!


Más fuentes...


Ojo al cartel... ¿No dañar el material vegetal? Jajajaja.


¡Uuuuuuuuh! ¿Véis esa flecha? Ahí está marcada la rodilla del diablo... Cuentos chinos del México popular.



Y llegó el día siguiente y tal como me prometí me largué de Uruapan, pero coincidió que era cinco de enero y que Paracho me quedaba cerca y fue allá donde los reyes me compraron mi regalo, la guitarra para la que aún ando buscando escuela... Ya después de pasar unas horas por el pueblito donde se hacen las mejores guitarras de la república, tuve que volver a Uruapan para irme a Pátzcuaro. Tres horas después me volvía a hacer la misma condenada pregunta: ¿Y ahora dónde cojones voy a dormir?
En esta ocasión fue algo más complicado pero di con un lugar "económico" y ahí establecí mi base mientras disfrutaba de uno de los pueblos que más me han enamorado del país. Pátzcuaro es artesanía, es colonial, es hospitalario, es pequeño, es tranquilo, es prácticamente mágico...








La casa de los once patios: el mejor sitio para comprar artesanías y al mejor precio, comprobado.


¿No os parece bonito?


Estos contrastes son los que me gustan. Y todo tiene que ver.


Una de las curiosidades de Michoacán que en donde más vi fue en Pátzcuaro es que tienen una gráfica unificada para todo el pueblo. Es decir, todos los establecimientos han de cumplir con tres requisitos: rotulado sobre la pared, en negro y con la primera letra de cada palabra en rojo.
Tengo más fotos, quien tenga curiosidad que me diga. Ya sé, aquí se me vio la vena de diseñador...


Todos habéis pensado lo mismo...


Autorretrato, yo con mi jersey (no me sé el nombre) Purépecha que me tuve que comprar dado que no llevaba nada de abrigo. Y lo calentito que es.


Como llegué la víspera de reyes al día siguiente poco había qué hacer, cierto es que poco hay que hacer siempre ahí... pero pensé que era un buen día para ir a la Isla de Janitzio (que se encuentra en medio de una enorme laguna y a la que llegas pagando un pasaje en barca con regreso abierto en cualquier momento), aprovechando que estaría lleno de mexicanos y podría ver cómo se comportan en su propio país, y son iguales que los españoles... La isla de Janitzio, es conocida por tres cosas principalmente: sus pescadores y su pesca con redes de mariposa, su estatua de Moreles (uno de los héroes patrios, *hasta la coronilla me tienen...) de cuarenta metros de altura y por ser la isla a la que todos visitan el día de muertos y se pone hasta la madre por aglomerar buena parte del folclor de esta fiesta. Y el pescado de ahí tampoco estaba mal.


Janitzio y Morelos. El agua estaba marrón del viento que que hacía y había revuelto el fondo.


Las gaviotas aquí son más listas y prefieren que las lleven antes que volar.




Pescadores con redes de mariposa.


Me resulta bien bonita este tipo de pesca, es así como muy estética.




Evidentemente, en México hay que pagar por todo. Esta gente también quiere sacar tajada por que les vean trabajar... Eso no me pareció bien.


Ya en tierra, Janitzio significa: pendientes, escaleras y subida.


Y a tope de artesanías, pero algo exagerado, todo estaba copado de vendedores y puestos de comida.
Por cierto, en isla Janitzio no hay coches dado que no circulan.


Morelos, héroe patrio y éste precisamente, también mirador.


Principio de MEGALOMANÍA 3, jojojojojo. Es algo superior a mí...






El panteón de la isla, es la zona candente en la fiesta de muertos.


Esta sería la imágen contemporánea del mexicano que nos vendieron en las películas.


¡Ay que ver la cantidad de turistas que habían!
Todos mexicanos, eso sí.


Pequeñas joyas de los viajes, todo sería tan diferente sin ellas...


Adiós isla de Janitzio.


Se me hizo muy raro que un montón de gaviotas nos siguieran hasta llegar al embarcadero, yo creo que era la comitiva de despedida, algo así como los mayordomos.


Y de vuelta al pueblo, voy y me encuentro con un super roscón de Reyes.


Pasé como tres días de paz en Pátzcuaro, pero el precio de la habitación y el poco quéhacer, sumado a no conozco a nadie, me dirigieron a mi último destino de esta odisea, Morelia. Así que con paso firme me fui a la terminal de autobuses y en dos horas estaba en España. Digo Morelia. Bueno para el caso es lo mismo, Morelia, que es una ciudad universitaria, es preciosa y se parece un montón a una ciudad castellana, sólo deciros que apenas tomé fotos... El tema del alojamiento no fue problema lo complicado fue saber dónde diantres me encontraba para encontrar el hostal, al final happy end.
Y ya lo que acaba siendo un ritual: te instalas y sales a perrear como perro callejero.


Por alguna extraña razón están muy obsesionados con la figura de Don Quijote y compañía, es una constante por donde quiera que vaya.


¡Desvelaré este misterio! Y luego os lo cuento.


Esto me pareció precioso. La verdad es que odio las corridas de toros. Pero la suavidad de los movimientos con la capa son bonitos. Y me encantó esta escena porque iba paseando por el parque de Cuatéhmoc en Morelia, y me encontré con un señor cano con su capa y una muchacha con unos cuernos de toro que se esforzaba en emular los embites.


¿Acaso se estaría entrenando? ¿O quizá fue torero en su día?
No me atreví a interrumpir y por ello nunca lo sabré, pero me llevo estas imágenes y el recuerdo de haber estado ahí.


El acueducto, doscientos cincuenta y cinco arcos, es uno de los iconos más destacables de la ciudad. Fue construido tras la llegada de los españoles para abastecer a la ciudad.


Después de patearme casi todo el centro, ver un par de museos, etc. Me regresé al hostal, la idea era una duchita e ir a algún bar o algo para ver si conocía a alguien y matar a mi soledad. Cual fue mi sorpresa que cuando abro la puerta de la habitación, uno de los compañeros de cuarto ya estaba en la cama y claro, yo pensé: "genial, ahora ya no puedo hacer ruido". Cual fue la gracia que nada más abrir se me pone hablar una voz salida de la oscuridad, y no os engaño, así estuvimos como cinco minutos, hasta que ya harto encendí la voz. Y ahí estaba, era Rene. Evidentemente no lo conocía de antes, pero nos pusimos a hablar y a hablar y cuando nos dimos cuenta estaba con nosotros un tapatío que acababa de llegar y también se puso a hablar y a hablar. El tapatío era Aldo. Y viendo el buen rollito que se traían los tres desconocidos, nos fuimos de tacos y después a emborrachar al miércoles.

Pero antes de que todo eso sucediera, yo ya estaba KO y no tenía pensado hacer ninguna excursión, pero Rene me sugirió que fuera con al Santuario de la Mariposa Monarca. Y la verdad me lo pensé, pues estaba baldado de todo mi viaje. Pero pensé, qué coño (hermanas si le leeis esto a Isaac saltáos la palabra coño) seguro que ya tiene hecho el planning, así que viendo que me lo ofrecía ya todo masticado acepté. Salimos a las siete de la mañana del hostal y fuimos a dormir la borrachera a las cuatro de la mañana así que el viaje (yo que no puedo dormirme en los vehículos en movimiento) fue épico, sobretodo las cuatro horas de autobús para Zitácuaro, luego la hora para Ocampo fue más ligera y finalmente sorprendentemente larga hasta el pie de Santuario, como una hora. Más los tres cuartos de hora a pie a tres mil trescientos metros de altura del Santuario. Y ya llegamos.
Cabe decir que mereció la pena. Me alegré de haberme encontrado con Rene, pues si no me lo hubiera ofrecido no hubiera tenido fuerzas para hacer el viaje, y de igual manera el agradeció no marcarse el viaje solo.

Ahora una selección de fotos y unos cuantos vídeos para que entendáis porqué pese a ese tute de viajes, mereció la pena.


La mariposa monarca, no os las comáis que son venenosas.


Una paradita, en un llano. Dale al play, y disfruta porque aquí apenas hablo.


Mariposas monarca, ahí andan todas bebiendo de una charca, bueno, la charca está ahí aunque no la veais...




Mirar al cielo era ser mariposa.


Después de reproducirse, quedan agotadas... normal.
Un minuto de silencio...
¡Ya, suficiente!


Ésta me encanta, la titulo: Naturaleza muerta.
La mayoría porque las aves no saben que son venenosas, luego las aves también mueren; y las otras del cansancio, ya sabéis.


Las mariposas en el santuario en el que se ha de guardar silencio para no perturbarlas, se posan en las ramas llegando a hacerlas ceder, y eso que una mariposa no llega a pesar un gramo, imaginad cuantas se llegan a posar.




Vídeo-reportaje. Ahí os cuento más cosas.


Finalmente llegó el último día de mi viaje, al final Rene se quedó un día más y nos lo pasamos comprando dulces morelianos, comiendo sopa tarasca (muy rica por cierto) y paseando por la ciudad en plan tranquilo. Ah, también tomamos las nieves típicas de Morelia (si no recuerdo mal, hechas con leche y leche condensada, también riquísimas). En fin que disfrutando y descansando del día anterior y de tanta mariposa.


Más cosas que me encantan. El árbol es la indicación de la calle. Eso queridos amigos (y amigas) es ecodiseño.


Y esto otro es arte urbano, una tendencia en alza en el país.
El Chewing gum tree.


Todo un arte.


Y como todo buen arte, hay que saber apreciarlo.


Bueno y esta fue mi pequeña gran aventura. Me ha costado mucho colgar el viaje, y no es para menos si has llegado hasta aquí es que te has visto ciento diez fotos retocadas para que las veáis como yo las vi y ocho vídeos (eso es loable conociendo mi conexión). Pero bueno, sólo decir que he regresado renovado por dentro, habiendo conocido gente formidable y habiendo hecho amigos de todas partes.
Obvimente, pasaron muchas más cosas, pero son demasiadas para colgarlas aquí y además algo tengo que guardar para que os pueda contar cuando nos veamos, ¿no?


Las cositas de color naranja de atrás son mariposas... ¡Jajajajaja!


Gracias por vuestro amor y asiduidad incondicional...
¡Ah! Y por tolerar mis estupideces.
Estas fueron mis navidades 2008/2009.
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