domingo, 26 de abril de 2009

Campeche, Yucatán y un montón de estados más al estilo flash

Actualizo por fin. Han sido unas semanas de locuras varias (mudanza, viajes, trabajo, sin internet...) pero ya parece regresar la calma o por lo menos lo que yo entiendo por calma.
La semana santa pasada fueron vacaciones como todos ya sabéis, y como también imagináis me marqué una de mis ya típicas escapadas por la república mexicana. Esta vez gocé de la compañía de mi amiga tamaulipeca, Jessica. Para los que no son de por aquí Tamaulipas es un estado del norte del país.


El gran encuentro... bueno en realidad fue un encuentro escalado.



El destino esta vez fue Campeche, el tercer estado que conforma la Península de Yucatán. Un viaje bizarro, pero muy divertido. Del Distrito a Campeche fueron como unas diecisiete horas en autobús atravesando Puebla, Oaxaca, Veracruz y Tabasco (y puede que me deje algún estado) antes de llegar al estado de Campeche.

La ciudad de Campeche es una adorable, diminuta, encantadora y costera que rebosa aburrimiento por los cuatro costados. No me mal interpretéis, es preciosa, pero letal si eres hiperactivo. Para mí lo mejor fue el paseo marítimo. Poco más hicimos por ahí.


Ese maldito pelícano, o lo que fuera, no quiso estarse quieto para la foto...


El milagro de los peces mandó al carajo a muchos pescadores.


Para que luego digan que los mexicanos no son espabilados.


El mar del Golfo de México, se me hizo un mar muy triste.

Pasamos el día y tras quedarnos sin ir a visitar Edzná (unos yacimientos próximos a la ciudad) por quedarnos dormidos, decidimos que era mejor irse a otra parte antes que pasar un día más en Campeche. Por lo que nos dirigimos a Celestún, que es un pueblito de playa reserva de la biosfera entre las fronteras de Campeche y Yucatán. Toda una odisea para llegar. Aquí descubrí la auténtica esencia de México, aunque no sepas donde está una cosa yo te indico cómo se llega ¿?


Perdidos ¡Sí! Pero con La Bendición de Dios.

Para esta parte mejor dejo que os lo explique Jessica en uno de nuestros momentos culminantes: "Perdidos en algún lugar de México" (Adentro vídeo)


Se nota que sabe dónde está y a qué va.

Afortunadamente, el camión pasó y pudimos llegar a Celestún sin más problemas que los acontecidos con anterioridad. Conseguimos alojamiento tras media hora de búsqueda y pasamos una noche muy tranquila mentalizándonos para madrugar y ver a los flamencos en acción.


Yendo a la playa en una mototaxi. La cara de sueño no nos la quita nadie.


Aquí tenemos a una ave en estado de meditación.


Todos como niños, emocionados porque iban a ver flamencos...


Pelícanos y otras aves es lo que se veía todo el rato.


La mancha negra inferior de la derecha es el cabolo de Jessica que tenía el mejor lado de la barca.


El bosque petrificado. Son árboles muertos que se sostienen por la salobridad absorbida por el agua. Esta zona, antes de que llegara un huracán era muy rica en vegetación dado que se nutría de un río subterráneo. Pero este huracán al arrasar la zona, embozó el río y trajo toda el agua salada del mar, condenando a la vegetación hasta convertirlo en el bosque petrificado.


El cangrejo violinista. Cuando lo vi me acordé de mi viaje a Cuba y de la invasión de estos, pero ya bien grandotes y con nuestros dedos del pie al aire, en Puerto Esperanza.


¡¡Por fin flamenco!!


¡Flamencos!
Vaya mierda, se ven desde muy lejos...


Y cuando parecía que todo aquello iba a ser una mierda rosa...


Los muy cabrones nos dejan asombrados extendiendo sus alas y sobrevolándonos. Ya valió la pena la incursión.


Después de la pardalada de flamencos dos se marcaron un viaje de vuelta.
El golpe que se oye es mi cámara impactando contra la vara que nos daba sombra.


Después visitamos los manglares, por ahí no había cocodrilos pero me abstuve de meter la mano en el agua por si acaso.


Y esa cosa marrón que parece una caca de dinosaurio, es una colmena de termitas. Si se hubiesen puesto de acuerdo para atacarnos hubiéramos estado perdidos, pues habían decenas a nuestro alrededor.


Última parada, réquiem por un viaje en barca.

Finalmente vimos flamencos, garzas, pájaros a los cuales no sabría cómo llamar y decenas de cosas más. Como tampoco nos salió muy caro el paseo con la lancha se podría decir que lo disfrutamos y creo que yo más, pues por segunda vez estuve cerca del mar, ese que tanto añoro viviendo en la jungla de asfalto.

Cuando terminamos el tour turístico, volvimos a decidir. La pregunta era sencilla ¿Volvemos a Campeche?
Finalmente y tras poco hablar llegamos al consenso de dirigirnos a Mérida, la capital del estado yucateco, que se encontraba a una hora y media de Celestún. Según parecía es una ciudad con mucha actividad cultural y con varios yacimientos cerca (Uxmal y Chichen Itzá, por nombrar algunos) por lo que probamos suerte allá.


La plaza Grande de Mérida, mucha gente, mucha vida y muchas vendedoras ambulantes.


Quien encuentre lo raro en la foto se lleva un premio.
No vale señalarme como algo raro.

Tras llegar a Mérida, que posee cinco kilómetros cuadrados de arquitectura colonial en el centro, empezamos por algo en lo que ya me he hecho un experto, buscar alojamiento. Tras ser rechazados en uno, bueno en realidad el rechazado fui yo por no llevar el pasaporte que al parecer no les bastaba mis documentos fotocopiados mi DNI y ni que viajara con una mexicana..., así que seguimos buscando echando pestes del hostal hasta dar con uno mejor, más barato y mucho más bonito. Hostel Santa Lucía (hasta el nombre es bonito).
Después nos fuimos a comer y a patearnos el centro. Si he de hablar de la ciudad, creo que es de las más bonitas que he visitado, llena de vida, moderna, con todas sus plazas principales con conectores de corriente para portátiles y wi-fi abiertas para que la gente disfrute de la ciudad, de su ambiente y del clima que era una delicia.
Caída la noche, las vendedoras ambulantes (mujeres mayas) nos avasallaban casi hasta matarnos de la risa, espectáculos por la calle, hasta una pelea vimos. Vamos todo un espectáculo.
Llegada la medianoche decidimos el plan de acción del día siguiente... Uxmal.



La gran pirámide de Uxmal.

Uxmal, es conjunto con Chichen Itzá uno de los yacimientos más importantes del estado de Yucatán y a una hora y media de Mérida en autobús (el transporte del pueblo).


No lo pude evitar y me lancé a hacer fotos de clase turista.


Era mediodía, el sol estaba alto, el cielo era azul y puro, y las ruinas eran una delicia.
Vamos que todo un lujo.

Uxmal, es de los pocos yacimientos en los que he tenido que pagar aún haciendo uso de mi credencial de estudiante (...) aunque si bien es cierto, sólo pagamos el cincuenta por ciento.
La zona arqueológica es impresionante, pese a que Chichen Itzá es más vasta, aunque también mucho más turística. Lo peor de todo es que ya no se puede subir a las pirámides grandes, tirando por los suelos mi ilusión de escalarla. Tuve entendido que era por dos razones, una de ella es para evitar accidentes pues hace como unos años una turista alemana se mató al caer pirámide abajo y la otra es por un sentido común de conservación del patrimonio.


The other side of the pyramid.


Una foto bonita, no sólo la piedra sobre piedra era lo que había.


Yo tomando una foto bonita, by Jessica.


Tomando esta foto me sentí como Indiana Jones.


Una serpiente con cabeza de hombre, pobrecilla. Seguro que tuvo problemas de integración en la escuela.


El anticristo Maya. Un pájaro cabeza abajo.


La gran pirámide, otra vez...

Otra estupidez es que no se puede filmar dentro de la zona arqueológica sin pagar una licencia o tomar fotos con trípode... Una solemne gilipollez. Y como ya podéis imaginar el nopal se pasó tal solemnidad por donde ya sabéis y se marcó varios vídeos de estrangis.



El nopal retransmitiendo desde Uxmal.
Y todo en emisión pirata.


Nos disponemos a subir muchas escaleras y a falta de pirámide grande, nos montamos un "fake".


Fotofinish.


Iguana tímida huyendo de paparazzi.


Iguana tímida huyendo de Lorenzo.


El nuevo hit del verano: La ancianita voladoraaaaaaa...

Finalmente, tras hora y media bajo el castigador sol del mediodía a treinta y cinco grados (o por ahí) sin sombra, abandonamos Uxmal en retirada a Mérida a descansar la tarde y pensar en el día siguiente en el que iniciaríamos nuestro regreso al DF.


El centro de Mérida, en Viernes santo. Ni un alma por la cale (bueno casi).


Perdidos por las calles de Mérida. Me encantó el atardecer en esta ciudad.


El sol bajo, nos castigaba igualmente.
Esto era por el paseo Montejo, donde está la fiesta.


Fototurista.


Y como México tiene estas cosas, por un par de calles estuvimos en Miami.

Estas vacaciones se hicieron muy cortas, en parte porque abandonamos muy tarde la ciudad y por otra parte porque nos fuimos muy lejos en autobús y eso nos quitó dos días. Pero no por ello fue menos divertido. En conclusión, una vacaciones diferentes que eso nunca es malo.


Mi último affair fue un pez con alitosis...
No hay forma de ir a mejor...
No me quería despedir sin que supierais un poco de mi vida privada.
:-)
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