lunes, 9 de febrero de 2009

(Fhi)Libertín Osborne

Voy a darle un pequeño tinte ibérico a este post porque sí, porque ya uno extraña un poco la tierra y porque, además, esto me desencajó completamente llegado el momento.

Lo primero es explicar el título del post, tiene muchas historias en dos (tres) palabras. Mi padre se llama Liberto, de pequeño alguna vez me llamaban el Liberto pequeño y muy raras veces Libertín o Libertito, luego sucede que existe el nombre de Filiberto, el cual algunos lo usan actualmente para llamarme (os estoy revelando secretos de mi vida privada). Bertín Osborne es un tipo patético que encandila a las abuelas de setenta para arriba, que era o es (¿quién sabe?) presentador de televisión, vende jamones serranos ¿Navidul? y canta rancheras en el español de Cervantes, lo cual es terrible. Por otro lado tenemos a Osborne, ojo no confundir con los Osbournes, que es una marca de brandys que me gustaría decir que es buena si tomara brandy, pero como no lo tomo no lo digo. Y cuya imagen es un señor toro semental, que simboliza a España no porque nos gusten los toros, que sí (pastando en libertad o en un plato con papas caseras pero no en un ruedo), sino porque el toro, el de Osborne, está en todas las carreteras de España. Y mira tú por dónde por un momento estuve en España y yo sin darme cuenta para llamar a casa más barato.

Ahora ya retomando el tono serio... ejem!
El caso es que me lo encontré la primera vez volviendo de Guadalajara y os aseguro que flipé cosa mala, pero sin tiempo a tomar la foto de rigor que diera fe testimonial de mi visión. Luego se repitió en una segunda ocasión en mi inicio de mi viaje a Oaxaca y ahí sí que retraté a "...ese toro enamorado de la luna..." y aquí os lo traigo.

No sé si está aquí por la globalización o por que ésto en su día fue la aclamada Nueva España..., sea como sea y viaje tras viaje que me hago, sólo hay una cosa más que evidente. Tenemos mucho en común.


La foto está tomada desde el autobús así que milagros a Lourdes (y al Photoshop).


Éste es el segundo cartel que me encontré por la carretera en el mismo trayecto, no volví a ver más.

Este post va dedicado al patriarca de los Navarro que soportó a cinco adorables niñas
que eran muy tranquilitas, mientras no se pelearan entre ellas (me cuento como niña dado que soy minoría), en la parte trasera de un monovolúmen Renault Space, a su mujer que en varias ocasiones consiguió desquiciarlo y alterar su rumbo hacia la dirección contraria y a la abuela de las niñas que las tenía domadas mientras no sucediera lo citado anteriormente, todo ésto mientras recorríamos caravana tras caravana la geografía Ibérica.
(En realidad es un homenaje al clan Navarro).
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