martes, 18 de noviembre de 2008

El Kiosko Morisco de la Alameda de Santa María La Ribera

La semana pasada se me retrasó una reunión con los de UNIFEM (ONU), y visto lo visto me dije que era una buena oportunidad para hacer turismo por esa colonia. Ya me habían dicho que existía una alameda cerca y que era muy bonita, para nada sabía lo que había allá y ni corto ni perezoso me dirigí para allá. Tras caminar un buen rato (unos quince minutos) llegué a la alameda, decir que es un parque normal y corriente, eso sí, bastante bonito, cuya particularidad es un enorme kiosko (el kiosko Morisco) que en su día trasladaron desde la Alameda Central en el centro histórico. Eso fue lo único que pude leer sobre el kiosko dado que el resto estaba desaparecido gracias a un efectivo vandalismo urbano. Al lado había otro respectivo panel indicando una cuantiosa cantidad de prohibiciones, penadas por la ley, por supuesto, sobre los actos entorno al susodicho kiosko. Vamos que ese sitio se había vuelto aburrido, no podías hacer nada a su alrededor o en su interior, todo con tal de conservarlo (...), hasta había un hombre de seguridad controlando el kioskito.

Sobre el kiosko encontré esta información que como siempre es sólo una parte:

"La historia de este kiosco data de finales del siglo XIX, cuando fue diseñado por el Ing. José Ramón Ibarrola para ser el Pabellón de México en la Exposición Universal de 1884 - 1885 y de la Feria de San Luis Missouri en 1902. La estructura de este kiosco (conformada por varios arcos y columnas mudéjares) está realizada completamente en hierro, material de construcción en boga en aquella época y que se piensa fue fundida en Pittsburgh, Pensilvania en hornos propiedad del magnate norteamericano Andrew Carnegie debido a la relación de amistad que tenía con el diseñador del kiosco." Más, no os lo perdáis que se hablan (muy por encima) de los mitos que tiene, jajaja.

El kiosko ya veis como es, se hacen bastantes actividades ahí dentro con tal de darle la vida que en su tiempo tuvo, una buena noticia porque realmente es bonito.

Poco más qué decir, cuando me cansé de tomar fotos me regresé y un hombre ya de edad avanzada me intentó vender unas artesanías intuyendo que debía de ser turista por estar tomando fotos (muy equivocado tampoco andaba). Le dije que ni modo, que estaba sin lana.









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